sábado, 28 de octubre de 2017

De dioses rabiosos 

Puedo pensar q el amor es magnífico, 
lo mismo q Dios, si existieran; 
pero ya no soy niño,
no puedo creer en fábulas; 
xq el Odio y la Muerte aleve 
gritan a cada rincón del planeta 
q ellos son los dueños 
d ésta creación maldita: 
en ésa soberbia intolerancia cotidiana 
q hasta niega el elemental saludo. 
Es innata el ansia d destrucción 
en cada ser racional, 
parece q la inteligencia nos fue dada 
para sojuzgar, asesinar y torturar; 
donde un niño sonríe 
hay un holocausto en marcha, 
donde lo hace un viejo 
la visión d su propio infierno, 
saber q su cuerpo es putrescible 
y su alma...vapor q se pierde en la nada. 
Por ése Odio ancestral 
hacia la identidad divina. 
Ése fanatismo ignorante d creer 
en lo q no tiene fundamento d ser; 
x creer en un ídolo idiota 
q cotiza con sangre inocente 
la renta del 'paraíso'. 
Yo no veo allí a Dios, 
en ése amor degenerado, 
veo crimen, odio, furor desesperado. 
Yo no tengo un dios d madera,
ni d oro ni d barro, 
ni un fantasma imaginario 
q me absuelva la intención d mi pecado; 
y xq no tengo ésos dioses 
pretendo 'mi dios' a la Vida, 
ésa q los píos profanan con celo; 
la q explotan y desprecian en sus semejantes, 
ésa q en nada valoran 
si no está en un espejo. 
¡Vida!, Perdona mi infamia también 
cuando te asesino en una mosca 
o en un mosqito, 
con los q pretendes hacerte ver 
y decirme: ¡Vive, estás vivo! 
(13-4-98/17hs)

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