TUS 19 ADIOSES
I-
Me dijiste adiós
y me dejaste con con beso d sal en la boca.
El viento sopló
y se deshicieron las rocas
con un murmullo d arena y d olas;
al gallo altivo d la veleta
se le está cayendo la cresta
y chirria su cacareo enloqecido
sin saber qé horizonte le toca.
Un remolino d hojas
se atragantó en mi voz,
y la lágrima q a mis ojos no se asomó
enchastra d sombra éstas notas.
II-
Me dejaste
como el pedúnculo d una flor deshojada;
los pétalos d mi ilusión
revolotean huérfanos tras tu vendaval
y una ristra d abandonos
se me engarfia porfiada en el alma.
Me qedé cabeza gacha,
con la vista mirando sin ver nada,
en la ruta flanqeada d pampa rala
q, como atrás, adelante me aguarda.
Sólo un gavilán merodea,
me chista su risa envenenada
q me grita: 'seguimos estando hermanados
yo en el aire, siempre solitario,
y vos en el suelo, otra vez marchitando'.
III-
Me dijiste adiós,
me dejaste como un estandarte abatido,
exangüe d ganas y pasión.
El viento desfleca mi trama d tristeza
en lágrimas d hebras.
Jirones d mi angustia
se desparraman como baba del diablo,
surcando la mortaja del cielo
-cenotafio d mi desconsuelo-
q se agiganta aceleradamente,
insignificándome
en un páramo transparente
d desolación.
IV-
Me dijiste adiós,
un Justo d Zemyock
se hará cargo d mi llanto,
xq yo ya me acostumbré
a vivir la soledad del cactus;
un chau tras otro
me han convertido en samana
sin yo qererlo, como Siddharta;
x éso en lugar del arte d la sugestión
ejerzo un forzado estoicismo
y la humillante resignación
d Yudit d Krijovnick .
V-
Me dijiste adiós,
sin una caricia d franela,
sin un beso d terciopelo.
Me desnudé ante vos,
qedé inerme...
como un cachorro apenas nacido.
Huíste espantado,
y mis labios d papel
montados en la luz d un eclipse
aguardan dormidos en tu casillero
para decirte: ''no importa, qerido,
yo... yo siempre entiendo''.
VI-
Me dijiste adiós,
y un vacío zumbón
se instala entre mis oídos;
un oscuro hueco
ante mi vista irradia su velo,
un gusto a sangre asustada
en mi nariz relate;
un huracán torna el mundo
giratorio, imparable;
mis pies ya no tienen suelo
pero un minuto después
¡está todo tan qieto en mi cementerio!...
en mi epitafio yo leo:
''te hubieran qerido,
pero no te qisieron''.
VII-
Me dijiste adiós,
las luces se apagan;
en el porche, el columpio se mece sin ganas;
el perro dormido no ladra a nada.
Noche d novilunio;
las estrellas me engañan,
se ocultan en nubes oscuras, extrañas.
Noche d vampiros, noche d Drácula.
Sea para mí bendición
lo q se llama infortunio,
pues mi blanca garganta
implora su lástima.
VIII-
Me dijiste adiós,
y el pálido aroma del pan en el horno
se desvanece.
Ya no perfuman su dulce letanía
las facturas, las mermeladas
ni el azúcar qemada,
ni el flan hirviente d las tardes d viernes.
Las hortensias llorosas
deshojan sus lilas
sobre el círculo sepia
del cristal d la mesa,
mientras Guiora Feidman agita
su viento q reza, q grita,
una pena tan antigua
como la q ciñe a mi alma.
IX-
Me dijiste adiós,
los niños en las plazas callaron,
olvidaron sus algodones d azúcar
y sus manzanas confitadas.
Las palomas no arrullan en el campanario;
sólo la armónica triste
d un afilador
silba una melancolía extraterrena.
La brisa se aqieta;
las mariposas no vuelan
y el sol se amodorra
en el marrón del otoño,
en el campanilleo lúgubre
del pochoclero cansado.
Sólo una atrevida chicharra
en el limonero d casa
me dice: ''yo x nacer
sufrí mas q vos,
para vivir un verano
q ya se me acabó
sin haber encontrado el amor.
Qizás es mi último día,
y sin embargo aqí estoy,
cantando a tu lado''.
X-
Me dijiste adiós,
mi espíritu se hizo estela
atrapado en la succión d tu huída.
Ora es humo q desvaría
sobrepasado x ésa pena,
d la q no puede hacerse cargo
sin mi cuerpo desalmado;
ora es ignoto vapor
q condensa un viento esmerilado
en gotitas d incoherencia y desazón,
q diluye la brisa latente
d tu interminable adiós.
XI-
Me dijiste adiós,
y el desencanto
me ha qebrado las ganas.
Ruedo hacia mi propio abismo
desfoliando el ramaje
d mi canto abortado.
Me hundo en las cenizas
d tantos rechazos tragados,
bajo el terso manto
d reprimidos gemidos;
el escarnio d sus rescoldos
me qema vivo y, solo, allí estallo
en un mudo alarido
q resuena en la frecuencia
del cristal d mi alma,
y me la convierte en arena d vidrio.
XII-
Me dijiste adiós,
y un millar d flamencos
cayeron en picada
desde las nubes d mi mirada.
La atroz visión d un campo d matanza
borró en un gesto mi sonrisa herida.
No tuve tiempo ni d arqear las cejas
cuando tu fantasma ya se iba...
óleo diluído en aguas d mi desamparo
qedó la imagen d tu amistad.
XIII-
Me dijiste adiós,
las columnas del Partenón
se me hicieron fuego;
el mar Egeo fue mar d hielo.
Mi Olimpo entero se pasmó d vacío.
Mi Zeus, mis dioses, se rindieron
ante tu mortal desapego.
Hueros mis cielos, vencidos mis templos
me has dejado hueco,
solo, aturdido... casi muerto.
XIV-
Me dijiste adiós,
se derritió una Antártida
en mis sentimientos;
se congeló un Sahara
en el borde d mi aliento.
Se me pulverizó el cielo
d tus ojos supuestos,
se me esfumó el suelo
d mi corazón abierto.
No me qedan referencias
ni d espacio ni d tiempo,
tan sólo una vaga angustia
q crece a los cuatro vientos.
XV-
Me dijiste adiós,
¡cómo lo lamento!.
Me duele. Qisiera morirme.
¿Será la inmadurez d mi desaliento?,
pero tus razones
valen mas q mis sentimientos.
Llévate mi amistad
como tributo d mi dolor,
y si algún día te sobra algo d amor
siempre tendrás mi corazón
dispuesto a rendirse
en tu compañía.
XVI-
Me dijiste adiós,
el mar escondió sus aguas
tras la lágrima q no he llorado.
El río d mis días detuvo su afluencia,
nada nuevo florece
y lo sazonado se marchita.
En la copa d agua q tienden
mis manos culposas al sol,
se ahoga la luz d mis tiempos;
sucumbe la exigua canción d los justos
q rezan las selijots x mi salvación.
XVII-
Me dijiste adiós
y el marfil d mis ojos
anudó una sangría;
ni una oportunidad me diste,
ni un solo día.
¡Ay! tanto sufrir no se justifica;
tu bien me conoces
mas yo nunca te he visto,
sin embargo, qerido,
¡qé penar me has tejido!
me abriste d par en par
y me enterraste en el olvido.
XVIII-
Me dijiste adiós,
un terremoto me devuelve
al núcleo incandescente
d mi azorado desconcierto,
refundiéndome en el magma
del nuevo basalto,
terco, impenetrable,
petrificándome en un asedio d soledad
con las heladas ráfagas
d tu despedida aún vibrante.
XIX-
Me dijiste adiós,
y el ángel derrotó a Iaacob;
a Moisés el Mar Rojo se le cerró,
y Josué no pudo detener el sol.
Me cambiaste la historia y la Fé,
y me has dejado sin Ley.
(13-3-99/16:40)