domingo, 5 de noviembre de 2017

MELANCOLÍA MÍA 


Melancolía, 
q me acompañas cada día 
hasta la puesta del sol, 
yo nunca he gozado 
el oro líqido d tu ocaso 
en las mejillas del lago. 
Ni las aguafuertes montanas 
d tus nubes lejanas 
q deshilachan tu sopor. 
Te conozco, sin embargo, 
fatal melancolía, 
q me has dado lo mas feo 
d tus soles d febrero 
con sus calores pegajosos 
lamiéndome el cuello. 
Me encerraste en éstos días 
en q el cielo x momentos 
se nubla a gris morado, 
y en otro parpadeo 
el sol estalla intenso. 
Yo la veo, 
tras un esfumado velo, 
pasar agobiada a la gente 
apurada, indiferente, 
sin una sonrisa inocente 
q escape d sus celos. 
Veo pasar trenes llenos, 
colectivos repletos 
y autos afiebrados, a mil, 
vomitando doctores Jeckill 
q no piensan en morir. 
Me diste ésta vorágine extraña 
d hombres soberbios 
y mujeres altaneras, 
d esqivo mirar 
y saludo muerto. 
Sólo regala simpatía 
algún perro callejero 
q, tímido, mueve la cola 
si cruza un par d ojos qietos; 
aunq ya muchos aprendieron 
q la traición d los hombres 
no merece esmero. 
Conozco tu feo rostro, 
melancolía, 
el d cartones mojados 
en las veredas sin dueños 
bajo las lluvias d otoño; 
d basurales en las esqinas, 
el del linyera durmiendo, 
el d callejas a oscuras, 
el d revoqes caídos, 
el d latitas del pueblo 
bloqeando los sumideros, 
el d la luz amarillenta 
llorando en el andén d Flores. 
Sos casi tristeza 
para mí, melancolía; 
sin embargo aún te espero: 
volar d gaviotas 
sin ruidos ni viento; 
ronzar d caballo negro, 
en la pampa, a lo lejos, 
o avión blanco en el cielo 
muy alto. Muy lejos. 
(27-2-99/16:11) 

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