MELANCOLÍA MÍA
Melancolía,
q me acompañas cada día
hasta la puesta del sol,
yo nunca he gozado
el oro líqido d tu ocaso
en las mejillas del lago.
Ni las aguafuertes montanas
d tus nubes lejanas
q deshilachan tu sopor.
Te conozco, sin embargo,
fatal melancolía,
q me has dado lo mas feo
d tus soles d febrero
con sus calores pegajosos
lamiéndome el cuello.
Me encerraste en éstos días
en q el cielo x momentos
se nubla a gris morado,
y en otro parpadeo
el sol estalla intenso.
Yo la veo,
tras un esfumado velo,
pasar agobiada a la gente
apurada, indiferente,
sin una sonrisa inocente
q escape d sus celos.
Veo pasar trenes llenos,
colectivos repletos
y autos afiebrados, a mil,
vomitando doctores Jeckill
q no piensan en morir.
Me diste ésta vorágine extraña
d hombres soberbios
y mujeres altaneras,
d esqivo mirar
y saludo muerto.
Sólo regala simpatía
algún perro callejero
q, tímido, mueve la cola
si cruza un par d ojos qietos;
aunq ya muchos aprendieron
q la traición d los hombres
no merece esmero.
Conozco tu feo rostro,
melancolía,
el d cartones mojados
en las veredas sin dueños
bajo las lluvias d otoño;
d basurales en las esqinas,
el del linyera durmiendo,
el d callejas a oscuras,
el d revoqes caídos,
el d latitas del pueblo
bloqeando los sumideros,
el d la luz amarillenta
llorando en el andén d Flores.
Sos casi tristeza
para mí, melancolía;
sin embargo aún te espero:
volar d gaviotas
sin ruidos ni viento;
ronzar d caballo negro,
en la pampa, a lo lejos,
o avión blanco en el cielo
muy alto. Muy lejos.
(27-2-99/16:11)
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