domingo, 12 de noviembre de 2017

TUS 19 ADIOSES

I- 
Me dijiste adiós 
y me dejaste con con beso d sal en la boca. 
El viento sopló 
y se deshicieron las rocas 
con un murmullo d arena y d olas;  
al gallo altivo d la veleta 
se le está cayendo la cresta 
y chirria su cacareo enloqecido 
sin saber qé horizonte le toca. 
Un remolino d hojas 
se atragantó en mi voz, 
y la lágrima q a mis ojos no se asomó 
enchastra d sombra éstas notas.  

II- 
Me dejaste 
como el pedúnculo d una flor deshojada; 
los pétalos d mi ilusión 
revolotean huérfanos tras tu vendaval 
y una ristra d abandonos 
se me engarfia porfiada en el alma. 
Me qedé cabeza gacha, 
con la vista mirando sin ver nada, 
en la ruta flanqeada d pampa rala 
q, como atrás, adelante me aguarda. 
Sólo un gavilán merodea, 
me chista su risa envenenada 
q me grita: 'seguimos estando hermanados 
yo en el aire, siempre solitario, 
y vos en el suelo, otra vez marchitando'. 

III- 
Me dijiste adiós, 
me dejaste como un estandarte abatido, 
exangüe d ganas y pasión. 
El viento desfleca mi trama d tristeza 
en lágrimas d hebras. 
Jirones d mi angustia 
se desparraman como baba del diablo, 
surcando la mortaja del cielo 
-cenotafio d mi desconsuelo- 
q se agiganta aceleradamente, 
insignificándome 
en un páramo transparente 
d desolación. 

IV- 
Me dijiste adiós, 
un Justo d Zemyock 
se hará cargo d mi llanto, 
xq yo ya me acostumbré 
a vivir la soledad del cactus; 
un chau tras otro 
me han convertido en samana 
sin yo qererlo, como Siddharta; 
x éso en lugar del arte d la sugestión 
ejerzo un forzado estoicismo 
y la humillante resignación 
d Yudit d Krijovnick . 

V- 
Me dijiste adiós, 
sin una caricia d franela, 
sin un beso d terciopelo. 
Me desnudé ante vos,
qedé inerme... 
como un cachorro apenas nacido. 
Huíste espantado, 
y mis labios d papel 
montados en la luz d un eclipse 
aguardan dormidos en tu casillero 
para decirte: ''no importa, qerido, 
yo... yo siempre entiendo''. 

VI- 
Me dijiste adiós, 
y un vacío zumbón 
se instala entre mis oídos; 
un oscuro hueco 
ante mi vista irradia su velo, 
un gusto a sangre asustada 
en mi nariz relate; 
un huracán torna el mundo 
giratorio, imparable; 
mis pies ya no tienen suelo 
pero un minuto después 
¡está todo tan qieto en mi cementerio!... 
en mi epitafio yo leo: 
''te hubieran qerido, 
pero no te qisieron''. 

VII- 
Me dijiste adiós, 
las luces se apagan;  
en el porche, el columpio se mece sin ganas; 
el perro dormido no ladra a nada. 
Noche d novilunio; 
las estrellas me engañan, 
se ocultan en nubes oscuras, extrañas. 
Noche d vampiros, noche d Drácula.
Sea para mí bendición 
lo q se llama infortunio, 
pues mi blanca garganta 
implora su lástima. 

VIII- 
Me dijiste adiós, 
y el pálido aroma del pan en el horno 
se desvanece. 
Ya no perfuman su dulce letanía 
las facturas, las mermeladas 
ni el azúcar qemada, 
ni el flan hirviente d las tardes d viernes. 
Las hortensias llorosas 
deshojan sus lilas 
sobre el círculo sepia 
del cristal d la mesa, 
mientras Guiora Feidman agita 
su viento q reza, q grita, 
una pena tan antigua 
como la q ciñe a mi alma. 

IX- 
Me dijiste adiós, 
los niños en las plazas callaron, 
olvidaron sus algodones d azúcar 
y sus manzanas confitadas. 
Las palomas no arrullan en el campanario; 
sólo la armónica triste 
d un afilador 
silba una melancolía extraterrena. 
La brisa se aqieta; 
las mariposas no vuelan 
y el sol se amodorra 
en el marrón del otoño, 
en el campanilleo lúgubre 
del pochoclero cansado. 
Sólo una atrevida chicharra 
en el limonero d casa 
me dice: ''yo x nacer 
sufrí mas q vos, 
para vivir un verano 
q ya se me acabó 
sin haber encontrado el amor. 
Qizás es mi último día, 
y sin embargo aqí estoy, 
cantando a tu lado''.

X- 
Me dijiste adiós, 
mi espíritu se hizo estela 
atrapado en la succión d tu huída. 
Ora es humo q desvaría 
sobrepasado x ésa pena, 
d la q no puede hacerse cargo 
sin mi cuerpo desalmado; 
ora es ignoto vapor 
q condensa un viento esmerilado 
en gotitas d incoherencia y desazón, 
q diluye la brisa latente 
d tu interminable adiós.  

XI- 
Me dijiste adiós, 
y el desencanto 
me ha qebrado las ganas. 
Ruedo hacia mi propio abismo 
desfoliando el ramaje 
d mi canto abortado. 
Me hundo en las cenizas 
d tantos rechazos tragados, 
bajo el terso manto 
d reprimidos gemidos; 
el escarnio d sus rescoldos 
me qema vivo y, solo, allí estallo 
en un mudo alarido 
q resuena en la frecuencia 
del cristal d mi alma, 
y me la convierte en arena d vidrio. 

XII- 
Me dijiste adiós, 
y un millar d flamencos 
cayeron en picada 
desde las nubes d mi mirada. 
La atroz visión d un campo d matanza 
borró en un gesto mi sonrisa herida. 
No tuve tiempo ni d arqear las cejas 
cuando tu fantasma ya se iba... 
óleo diluído en aguas d mi desamparo 
qedó la imagen d tu amistad.  

XIII-
Me dijiste adiós, 
las columnas del Partenón 
se me hicieron fuego; 
el mar Egeo fue mar d hielo. 
Mi Olimpo entero se pasmó d vacío. 
Mi Zeus, mis dioses, se rindieron 
ante tu mortal desapego. 
Hueros mis cielos, vencidos mis templos 
me has dejado hueco, 
solo, aturdido... casi muerto.  

XIV- 
Me dijiste adiós, 
se derritió una Antártida 
en mis sentimientos; 
se congeló un Sahara 
en el borde d mi aliento. 
Se me pulverizó el cielo 
d tus ojos supuestos, 
se me esfumó el suelo 
d mi corazón abierto. 
No me qedan referencias 
ni d espacio ni d tiempo, 
tan sólo una vaga angustia 
q crece a los cuatro vientos.  

XV- 
Me dijiste adiós, 
¡cómo lo lamento!. 
Me duele. Qisiera morirme. 
¿Será la inmadurez d mi desaliento?, 
pero tus razones 
valen mas q mis sentimientos. 
Llévate mi amistad 
como tributo d mi dolor, 
y si algún día te sobra algo d amor 
siempre tendrás mi corazón 
dispuesto a rendirse 
en tu compañía. 

XVI- 
Me dijiste adiós, 
el mar escondió sus aguas 
tras la lágrima q no he llorado. 
El río d mis días detuvo su afluencia, 
nada nuevo florece 
y lo sazonado se marchita. 
En la copa d agua q tienden 
mis manos culposas al sol, 
se ahoga la luz d mis tiempos; 
sucumbe la exigua canción d los justos 
q rezan las selijots x mi salvación.

XVII-
Me dijiste adiós 
y el marfil d mis ojos 
anudó una sangría; 
ni una oportunidad me diste,
ni un solo día. 
¡Ay! tanto sufrir no se justifica; 
tu bien me conoces 
mas yo nunca te he visto, 
sin embargo, qerido, 
¡qé penar me has tejido! 
me abriste d par en par 
y me enterraste en el olvido. 

XVIII- 
Me dijiste adiós, 
un terremoto me devuelve 
al núcleo incandescente 
d mi azorado desconcierto, 
refundiéndome en el magma 
del nuevo basalto, 
terco, impenetrable, 
petrificándome en un asedio d soledad 
con las heladas ráfagas 
d tu despedida aún vibrante. 

XIX- 
Me dijiste adiós, 
y el ángel derrotó a Iaacob; 
a Moisés el Mar Rojo se le cerró, 
y Josué no pudo detener el sol. 
Me cambiaste la historia y la Fé, 
y me has dejado sin Ley. 
(13-3-99/16:40)  

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